julio 02, 2003

Ni el mejor marketing del mundo

Camino por calle Ahumada en dirección al metro, uno más de los miles que apurados se desplazan. Es la hora punta, el momento en que la gran masa coincide en la calle. Estampida rumbo al trabajo, o al hogar. Escena repetida una y otra vez, día tras día, con asombrosa exactitud y regularidad. Esta noche, un elemento ajeno y singular, rompe la árida monotonía del paisaje urbano, lo veo casi por casualidad, está allá arriba en lo alto, suspendido a varios metros de altura; sorprendido sigo avanzando, diminutas figuras humanas advierto en su interior, se mueven, observan, caminan. Inmediatamente debajo de la estructura, enorme cartel explicando la situación. Entiendo todo ahora. Campaña publicitaria para remecer conciencias, intento por captar la atención de nosotros, los miles de seres que, amparados por el anonimato y la seguridad de la rutina, transitamos indiferentes treinta metros allá abajo.

Levantar la vista

Toda la potencia y poder de las herramientas de marketing y publicidad al servicio de noble causa. Han instalado una mediagua, - una verdadera -, incluidos habitantes que allí permanecerán, obtener recursos para construir más viviendas básicas es el objetivo. Sin detenerme, miro en derredor, nadie la ve, los pocos que lo hacemos, es casi de casualidad, mayoría apretujada frente a la escala mecánica para sumergirse en la ciudad. Parece increíble, está sobre nosotros y no la vemos, mínimo movimiento bastaría, no lo hacemos.

Buen intento publicitario, funcionaría si nosotros, supiésemos mirar hacia arriba, a lo alto. Mínimo movimiento bastaría, es cierto, al fin y al cabo es un acto esencial, quebrar la inercia, levantar la vista, enfrentar y vencer de una vez por todas el agobio infernal. Se logra desde lo interno, y el marketing es lo externo, he aquí la falla fundamental.



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